… Y de pronto transformaste tu ternura
En rugido de hembra dominante,
Y en tu furia arrastraste mi tormenta
Convirtiéndola en fuego calcinante.
Y siguiendo tu ritmo impetuoso
Iba entrando en tu fuego que no quema.
Yo miraba, miraba a aquella diosa
Que hervía la sangre de mis venas.
La explosión de placer de dos volcanes
No se puede describir en dos palabras.
Es amor, y es furia contenida,
También fuego, es ternura, paz y calma.

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